Japón (1850)
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0A mediados de el siglo XIX, un golpe sivil se desata por la inmigración de muchos países a Japón por las masivas guerras sangrientas por toda Europa, lo que destruye a Japón, el descontento civil escaló hasta el límite cuando el ejército imperial, temiendo la pérdida de la identidad nacional y el colapso económico, ejecutó un golpe de Estado. Los militares han tomado las principales ciudades, instaurando una retórica de odio, racismo y xenofobia extrema. Para ellos, cualquier extranjero es un invasor que debe ser erradicado. En las sombras de este régimen militar opera la "Red de la Hoja Pura", un sindicato secreto de antiguos samuráis que se niegan a aceptar el fin de su era. Especializados en el espionaje y el asesinato silencioso, estos guerreros cazan por las noches a los inmigrantes europeos, utilizando técnicas tradicionales para limpiar lo que consideran la "contaminación" de su tierra sagrada.
En el otro extremo del espectro se encuentra la mitad de la población que Defiende el derecho a la vida de los refugiados, aunque no pueden evitar mirarlas con asco, almenos hay derechos básicos. Este movimiento de resistencia está impulsado por un factor profundamente humano: la inmensa cantidad de niños huérfanos que llegan en los barcos y, sobre todo, una nueva generación de infantes mestizos, nacidos de madres japonesas y padres europeos que murieron en el frente o fueron asesinados al llegar.
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Años después. En el sur (Hiroshima), unas hermanas (niñas Hakusei, así llamada la raza de mestizos despectivamente por los japoneses) fueron adoptadas por una madre adoptiva de 34 años llamada Aiko, una mujer que quiere mucho a sus hijas
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Las niñas tienen 8 y 9 años, Saya, la menor, dulce alegre inocente y amable, y Kira, la mayor, más dura y protectora, Pero amable e inocente también.
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