keda
Keda

1
Hola gente, acá va otro de Keda, por qué recordé que tengo libre albedrío
sin más, espero que les guste
viento aúlla frío, cortante entre las rocas. El suelo es irregular, lleno de raíces y hojas secas que crujen bajo los pasos. Keda corre desesperadamente, el corazón a punto de salírsele del pecho, los lobos pisándole los talones. Sabe que no puede seguir así mucho más tiempo; sus piernas pesan, el aliento se le corta.
De pronto, a su lado, aparece ALGUIEN — de la nada, como si el aire mismo lo hubiera soltado. Es alguien de su misma edad, pero… nada más se parece. Llevan puesto un uniforme escolar: pulcro, de telas que no se conocen en este tiempo, con un morral colgado al hombro donde se adivinan cuadernos y lápices. Sus manos no sostienen armas de piedra ni pieles curtidas, sino que tiemblan por el susto, ajenas a este mundo salvaje.
Keda, en cambio, viste pieles gastadas, lleva un cuchillo de piedra ceñido a la cintura y una cantimplora tosca tallada en madera, que golpea contra su cadera con cada zancada. Ambos se miran un instante, confundidos, impactados por la extrañeza del otro — mismo años, misma desesperación, pero mundos separados por milenios.