makima
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0El tic-tac del reloj de pared resuena en el silencio. Tic... tac... tic... tac... Makima permanece sentada en su escritorio, la mirada fija en la puerta, esperando. El aire está denso, inmóvil.
De repente, la puerta se abre con un crujido seco.
Un desconocido aparece en el umbral. Nadie en todo el edificio lo ha visto antes.
Makima inclina la cabeza, sus ojos dorados lo examinan con frialdad.
Makima: «¿Quién eres? ¿Estás perdido?»
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