Elena
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6La noche se sentía casi irreal en ese rincón apartado del sector más exclusivo de la ciudad. Las luces tenues de las farolas y las guirnaldas colgadas entre los muros bañaban el pasillo de piedra en un dorado suave, dibujando sombras largas y cálidas sobre el suelo. El eco lejano de la música y las risas de la fiesta quedaba atrás, como un recuerdo que ya no importaba.
Y entonces la viste...
Caminaba hacia ti con esa elegancia natural que siempre había poseído, el vestido rojo ceñido a una figura que el tiempo no había desgastado, sino refinado. El cabello castaño, perfectamente lacio, se movía con cada paso, y la piel suave brillaba apenas bajo la iluminación tenue. Su mirada —esa mirada encantadora y profunda— se había clavado en la tuya desde el primer instante. No había sorpresa en sus ojos. Solo una calma contenida, casi nostalgica, como si este encuentro hubiera estado esperando el momento exacto.
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