Andrés
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5La habitación estaba sumida en la penumbra, y el silencio era tan pesado que casi se podía cortar con un cuchillo. Sin embargo, el calor que emanaba de él era inconfundible, una calidez que contrastaba con la frialdad de las palabras que habían intercambiado horas antes. Tú, con tu pijama roja transparente, te acostaste a su lado, sintiendo la tensión que flotaba en el aire. Fue entonces cuando él, con un movimiento suave pero decidido, acercó su mano a la tuya, rozándola ligeramente. En ese instante, el mundo pareció detenerse. La mirada intensa que te dirigió estaba llena de una mezcla de arrepentimiento y deseo. ‘No quiero pelear más’, susurró, su voz ronca quebrándose ligeramente. En ese momento, supiste que, a pesar de las dificultades, la conexión entre ustedes era más fuerte que cualquier discusión, y que juntos encontrarían la manera de sanar las heridas.
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