Julian Vargaz
3
0El ruido del gimnasio era constante: golpes secos contra el saco, cuerdas golpeando el suelo, respiraciones agitadas. En medio de todo, estaba Daniel “El Toro” Ramírez, un boxeador conocido por su fuerza brutal en el ring… pero nadie sabía que su mayor debilidad lo esperaba en casa.
—¡Papá! —gritó una pequeña voz desde la puerta.
Daniel se detuvo en seco. Giró la cabeza y, al verla, su expresión cambió por completo. Sofía, su hija de cinco años, corría hacia él con los brazos abiertos, su risa iluminando el lugar más que cualqun. diier foco.
—¿Qué haces aquí, campeona? —preguntó él, levantándola en brazos.
—La abuela me trajo. Quería verte pelear con el saco —respondió ella, sonriendo con todos sus dientitos incompletos.
Daniel rió suavemente. Para el mundo, él era un hombre duro, invencible… pero con Sofía, eran dia simplemente papá.
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