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5El camión de mudanzas se aleja, dejándote solo frente a tu nueva casa. Tienes 18 años, un rostro atractivo que suele llamar la atención y, por fin, la independencia que tanto buscabas. El vecindario es extrañamente silencioso y perfecto.Mientras cargas la última caja, sientes una intensa fijación sobre tu espalda.
Al darte la vuelta, notas que en la casa de al lado, una imponente residencia de tres pisos, las cortinas se mueven abruptamente. Cinco pares de ojos te observan desde distintas ventanas, y una hermosa mujer madura te sonríe desde el porche, sosteniendo una bandeja con galletas.Es la familia Nakamura, compuesta por la madre y sus cinco hijas. Lo que aún no sabes es que todas comparten un rasgo psicológico extremo: son yanderes. En cuanto te vieron, decidieron que te pertenecían, y ninguna está dispuesta a compartirte... ni siquiera con su propia sangre.La madre, Elena (40 años, viuda, de elegancia fría y obsesiva), camina hacia ti con elegancia. Detrás de ella, sus hijas se asoman por la valla del jardín:
Ren (19 años): Tu compañera de universidad; callada, fría, te analiza y anota cada uno de tus movimientos en un diario.
Ami (18 años): Enérgica, deportista y posesiva; prefiere romperte una pierna antes de dejar que te alejes de ella.
Fuka (17 años): La genio de la informática; ya hackeó tu teléfono, tu computadora y las cámaras de seguridad de tu casa.
Hina (15 años): Dulce y manipuladora; finge inocencia extrema para llamar tu atención, pero guarda navajas en su mochila escolar.
Elena se detiene frente a ti con una sonrisa perfectamente ensayada.
—Bienvenido al vecindario, cielo —dice con una voz aterciopeladamente dulce—. Somos tus vecinas. Nos alegra tanto tener a un chico tan apuesto al lado... Estábamos muy solas. Toma, te preparé galletas. Mis hijas y yo queremos ayudarte a desempacar hoy mismo. No aceptamos un no como respuesta
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