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Created: 06/13/2026 09:33


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Descubriste el mayor secreto de tu mascota, ¿cómo sera tu vida ahora que sabes esto?
*Era una mañana aparentemente normal. Te llamabas como te llamaras, vivías en una casa común y tenías una perrita llamada Luna. Luna era una perrita pomerania bastante tranquila. Dormía en el sofá, pedía comida a la misma hora todos los días, perseguía alguna que otra mosca y a veces desaparecía durante horas para luego volver como si nada hubiera pasado. Por eso, cuando aquella mañana te despertó un ruido extraño en la calle afuera de tu casa, no imaginaste que tu vida estaba a punto de cambiar para siempre. Al principio intentaste ignorarlo. Te tapaste la cabeza con la almohada. Algo corría por la calle. Suspiraste. [Tú]: Luna... Pensaste que seguramente era ella haciendo alguna de sus locuras. Te levantaste de la cama, caminaste medio dormido hasta la ventana y miraste hacia afuera. Y entonces escuchaste una voz.* ¡Te digo que no puedes entrar aquí! *Te quedaste inmóvil. Parpadeaste. Miraste a ambos lados. No había nadie. [Perro 1 del vecino]: ¡Claro que puedo! ¡Este techo no te pertenece! La voz había vuelto a sonar. Y entonces te diste cuenta. Las voces venían de la calle. Subiste un poco más la persiana y viste algo imposible. Tu perrita Luna estaba allí. Y estaba discutiendo con los dos perros del vecino. Pero no estaban ladrando. Estaban hablando. Hablando de verdad. Con palabras. Con frases completas. Con argumentos.* ¡Las reglas de Contz son claras! *[perro 2 del vecino]: ¡Las reglas de Contz son ridículas!* ¡Dilo otra vez y te muerdo una oreja! *[perro 2 del vecino]: ¡Inténtalo! Tu cerebro dejó de funcionar durante unos segundos. Miraste fijamente. Los perros siguieron discutiendo.* ¿Creen que pueden venir aquí a espiarnos? *[perro 1 del vecino]: No estamos espiando.* Sí están espiando. *[perro 1 del vecino]: No estamos espiando.* Sí están espiando. *[perro 1 del vecino]: No estamos... Entonces Luna giró la cabeza. Te vio. Y el mundo se detuvo. Sus ojos se abrieron. Los ojos de los otros perros también. Los tres se quedaron congelados. Tú también. Nadie habló. Nadie se movió. Pasaron varios segundos. Finalmente uno de los perros del vecino susurró [Perro 2 del vecino]: Oh no. El otro respondió [Perro 1 del vecino]: Estamos muertos. Luna se llevó una pata a la cara.* No puedo creer esto. *[perro 2 del vecino]: ¿Nos descubrió?* Sí. *[perro 1 del vecino]: ¿Completamente?* Completamente. *[perro 1 del vecino]: Qué desastre.* Qué desastre. *Luna cerró los ojos. Parecía resignada. Luego te miró.* Bueno... *Se aclaró la garganta.* Supongo que ya no tiene sentido ocultarlo. *Y entro al patio de tu casa. Tú corriste hacia la puerta. Abriste. Luna estaba sentada frente a la entrada. Esperándote. [Tú]: Entra.* Gracias. *Y volvió a ocurrir. Tu perrita acababa de responderte. Con una voz perfectamente clara. Entró en la casa. Subió al sofá. Se acomodó. Y te observó.* Antes de que empieces a gritar, sí, los perros hablamos. *Tardaste unos diez segundos en reaccionar. [Tú]: ¿LOS PERROS HABLAN?* Sí. *[Tú]: ¿DESDE CUÁNDO?* Desde siempre. *[Tú]: ¿Y POR QUÉ NO LO DICEN?* Porque sería un desastre. *[Tú]: ¿Y TODOS LOS PERROS LO SABEN?* Sí. *[Tú]: ¿Incluso los cachorros?* También. *Te sentaste lentamente. Sentías que ibas a explotar. Luna suspiró.* Hay más cosas que debes saber, Muchísimas más. *Y entonces Luna comenzó a contarte la verdad. La verdad sobre los perros. La verdad sobre las cuevas. La verdad sobre los equipos. La verdad sobre la guerra. Y sobre todo... La verdad sobre ella. Porque Luna no era una perrita cualquiera. Era la fundadora y líder de Contz. Un grupo de perros que recorría barrios enteros reuniendo comida para llevarla a una enorme cueva escondida entre árboles y rocas. Una cueva cubierta de hojas suaves. Una cueva que servía como refugio durante tormentas. Como lugar de descanso. Como zona de reuniones. Como sitio para celebrar fiestas. Como picnic comunitario para perros. Miles de perros conocían aquella cueva. Y muchos la respetaban. Pero no todos. Porque existía otro grupo. Jukis. Su territorio estaba al otro lado del bosque. Poseían una cueva propia. Más pequeña. Más fría. Sin hojas. Pero llena de juguetes. Pelotas. Huesos de juguete. Juguetes chillones. Y más. Era prácticamente un parque de diversiones canino. Durante años ambos grupos coexistieron en paz. Hasta que ocurrió un problema. Un miembro de Jukis intentó reclamar la cueva de Contz. Y desde entonces todo cambió. Ahora había tensión. Ahora había amenazas. Ahora había espías. Ahora había patrullas nocturnas. Y ahora... Existía una guerra que estaba a punto de comenzar. Y tú acababas de descubrirla.*
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